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TALISMANES.

ORIGEN DE LOS TALISMANES


Un talismán es cualquier objeto, sagrado o profano, con o sin apropiadas inscripciones de símbolos; no cargado, o consagrado mediante adecuado ritual mágico o meditación.

Entre otras cosas ejerce en quien lo lleva un efecto auto-sugestivo.

Está hecho para servir a una finalidad específica, para traer buena fortuna en algún sector de la vida o para alcanzar una meta específicamente denominada. Un amuleto en realidad no es cosa diferente, salvo que supuestamente es portado como encantamiento protector contra la enfermedad, la mala suerte o la brujería.


Para los fines de este manual se preferirá el término talismán.


Convendría señalar, de paso, que no tengo objeción fundamental contra la teoría de la sugestión, mientras se entienda claramente que la sugestión no puede implantar en la psique ni hacer surgir de ella lo que no está allí de antemano. La sugestión evoca únicamente factores psico-espirituales innatos.


De acuerdo con el sistema de coordenadas en cierta forma más amplio de la Golden Dawn, un talismán "es una figura mágica cargada con la Fuerza que se intenta que represente. Al construir un Talismán debe tenerse el cuidado, dentro de lo posible, de hacerlo representar de tal modo las Fuerzas universales que quede en exacta armonía con aquellas que se desea atraer; y cuanto más exacto el simbolismo, más fácil es atraer la Fuerza, mientras coincidan otras cosas tales como la consagración en el momento adecuado, etc." En Occidente los talismanes se inscriben tradicionalmente con palabras y sentencias hebreas - lo que demuestra que la Cábala es una influencia importante-, o a veces griegas y latinas.


Ningún estudiante debe tratar de preparar un talismán sin haberse familiarizado en gran medida con los principios ocultos y filosóficos quo sustentan a la Cábala. Conocerá entonces algo acerca del Árbol de la Vida cabalístico y su filosofía. Y ello hace innecesario un examen prolongado de esos principios en este momento y lugar. Algunos de los libros mencionados en la bibliografía proporcionan sigilos y pantáculos en los que están inscriptos complejos símbolos y nombres cuyos orígenes greco-hebreos y latinos son casi imposibles de rastrear. (Incidentalmente, la palabra sigilo significa simplemente "firma".

De modo que el Sigilo de un Arcángel es realmente la firma simbólica de ese Ser.


Estos sigilos fueron extraídos originalmente de los tradicionales Kameas o cuadrados mágicos, que serán descriptos en su momento).


Para nuestro propósito presente, los mismos deberán ser ignorados, pues lo que se requiere por sobre todas las cosas es un sistema que sea claro, razonable y eficaz. Símbolos de amplia variedad y de casi todas las fuentes concebibles se utilizan para dar carácter y especificidad al propósito dinámico para el comunes son los símbolos planetarios y zodiacales. cual se ha construido el talismán.


Además, símbolos y diseños han sido libremente desarrollados a partir de los dieciséis símbolos geománticos básicos cuyo origen se pierde en las brumas de tiempos pasados. Estos dieciséis símbolos, si bien atribuidos a los doce signos y siete planetas, pueden aún ser reducidos a los cuatro elementos, como se indica en el cuadro del apéndice. Sólo se requiere entonces un poco de imaginación para transformar el símbolo convencional en una variedad de figuras y formas, emblemas, etc., que ponen en actividad al significado geomántico. A partir simplemente de estos últimos es posible construir un bello y efectivo talismán, sin ayuda alguna suplementaria.


Por ejemplo, la figura 1 del apéndice es un ejemplo de talismán hecho con símbolos exclusivamente geománticos que realicé hace muchos años. Todavía lo considero un buen diseño.


La base de la mayoría de los talismanes de tiempos antiguos se fundamentaba ya sea en los doce signos del zodíaco como en los siete planetas conocidos entonces. Dicho de otro modo, la mayoría de los temas en que uno podía interesarse se clasificaba bajo uno u otro de estos dos juegos de símbolos. En última instancia, sin embargo, como se decía que los planetas regían los doce signos zodiacales, los mismos llegaron a constituir la categoría más importante entre la que podían ser divididos los propósitos talismánicos. Ejemplos clásicos de esta división séptuple de los talismanes pueden encontrarse en La Clave Mayor del Rey Salomón, de la cual citaré lo siguiente: "En los Días y Horas de Saturno, puedes realizar experimentos ... para producir buen o mal resultado en negocios, posesiones, mercaderías, semillas, frutos y cosas similares, a fin de adquirir conocimiento; para traer destrucción y dar la muerte, y para sembrar odio y discordia". "Los Días y Horas de Júpiter son adecuados para obtener honores, adquirir riquezas; entablar amistades, preservar la salud, y alcanzar todo cuanto puedas desear". "En los Días y Horas de Marte puedes hacer experimentos relacionados con la guerra; alcanzar honores militares, adquirir valor, vencer enemigos; y además provocar ruina, matanzas, crueldad,

discordia; herir y dar la muerte".


discordia; herir y dar la muerte".


"Los Días y Horas del Sol son muy buenos para perfeccionar experimentos relativos a riqueza material, esperanza, ganancias, fortuna, adivinación, el favor de los príncipes; para disolver sentimientos hostiles y hacer amistades". "Los Días y Horas de Venus son buenos para entablar amistad; para la bondad y el amor; para empresas alegres y placenteras, y para viajar". "Los Días y Horas de Mercurio son buenos para operar en pos de elocuencia e inteligencia; prontitud en los negocios; ciencia y adivinación; maravillas, apariciones y respuestas relativas al futuro.


Puedes operar también bajo este planeta para robos, escritos, engaños y mercancías". "Los Días y Horas de la Luna son buenos para embajadas, viajes, envíos, mensajes, navegación, reconciliación, amor y adquisición de mercaderías por agua".


Por ejemplo, si ansío honores y prestigio, Júpiter es el planeta que rige esas cuestiones y el talismán tendrá que sor construido en torno a la utilización de cuantos símbolos de Júpiter pueda yo reunir. O bien, si lo que necesito es fuerza y agresividad a fin de solicitar una nueva posición mejor remunerada, o valor para vencer a un oponente político, Marte habrá de ser el planeta talismánico y los símbolos a reunir habrán de ser marcianos. Si ambicionara el amor de una hermosa mujer, entonces


Venus sería la influencia regente.


Y así sucesivamente.


Una importante consideración que hay que enfatizar es que los talismanes fabricados personalmente por el estudiante, si bien quizá no tan hermosos o tradicionalmente exactos como los que se dan en algunos de los textos mencionados, serán no obstante más significativos y efectivos para él. Su mismo esfuerzo por reunir símbolos y dibujarlos investirá de por sí al talismán con la energía y la fuerza que tenderán a lograr los resultados deseados.


Un mandato importante de La Clave Mayor del Rey Salomón merece ser registrado aquí: "Te ordeno, Hijo mío, que grabes cuidadosamente en tu memoria todo cuanto te digo, a fin de que nunca te abandone.


Si no intentas usar para un buen propósito los secretos que aquí te enseño, te ordeno que arrojes este Testamento al fuego antes que abusar del poder que tendrás para constreñir a los Espíritus; porque te prevengo de que los benéficos Ángeles, hartos y fatigados por tus ilícitas demandas, ejecutarán las órdenes de Dios para tu pesar y para el de todos los que, en malvado intento, abusarán de los secretos que El me ha confiado y revelado..." Los tradicionales cuadrados mágicos, sigilos y nombres jerárquicos nos han llegado a través del Abad Tritemius, Pietro d'Abano y Enrique Cornelio Agrippa, derivados de fuentes mucho más antiguas y desconocidas.


En su mayor parte han sido reproducidos en El Mago de Barret; luego pasaron a manos de la Orden Hermética de la Golden Dawn (Aurora Dorada) en el siglo pasado, y fueron nuevamente reproducidos por mí al compilar el material para el cuarto volumen de la Golden Dawn. Me gustaría sugerir que el estudiante interesado investigara por lo menos este sistema a fin de llegar a entender las bases clásicas del método.


Los cuadrados mágicos de los planetas que se hallarán en el apéndice son una parte importante de la ciencia de la estructura talismánica.


A cada planeta pertenece, primero, el número del Sephirah al que corresponde; y luego los otros números, que son la suma de las diversas hileras horizontales y verticales del cuadrado. Por ejemplo, Saturno es símbolo planetario de Binah, el tercer Sephirah en el Árbol de la Vida cabalístico.


Así, el cuadrado de Saturno tiene tres compartimientos en cada dirección, y en cada subdivisión hay un número inferior al cuadrado de tres -3x3=9-; de modo que todos los números de 1 a 9 son utilizados y ordenados de tal modo que las columnas suman 15 en cada dirección, y las tres columnas juntas suman en total 45. El cuadrado de Júpiter, planeta atribuido al cuarto Sephirah de Chesed, tiene lados con cuatro divisiones, o sea 4x4, resultando en 16 unidades individuales, mientras cada línea suma 34 y el total final es 136. La figura 2 es un ejemplo del cuadrado de Marte que representa al quinto Sephirah de Geburah. Cada lado tiene 5 unidades para un total de 25 cuadrados pequeños, y cada línea tanto lateral como verticalmente suma 65, siendo el total 325.


Similarmente, las cuatro cifras del Sol son 6, 36, 111, 666. El planeta Venus da 7, 49, 175,1225. El planeta Mercurio está representado por los números 8, 64, 260, 2080.


La Luna tiene las cifras 9, 81, 369 Y 3321. A su vez, cada cifra total se convierte en un nombre, como por ejemplo en el caso de Mercurio, que representa al octavo Sephirah de Hod. Aquí el número 64 es DIN, nombre que significa Justicia, o su variación DNI, Doni. Su siguiente número 260 es Tiriel, TIRIAL, nombre de la Inteligencia de este Sephirah; en tanto que 2080 es Taphthartharath, TPTRTRT, que representa al Espíritu de Mercurio.


En cada uno de estos ejemplos, se trazarán sigilos sobre el cuadrado correspondiente siguiendo el orden de los números. Para el uso de los cuadrados mágicos es básico el método de permutación de letras y números hebreos denominado "La Cábala de Nueve Cámaras". Se logra mediante la intersección de dos líneas horizontales y dos verticales, que forman así nueve cuadrados, como se ve en el cuadro A.


Este arreglo es denominado Aiq Beker. Leyendo de derecha a izquierda tenemos: Aleph = 1, Yod = 10, Qoph = 100. En la segunda cámara están Beth = 2, Caph = 20, y Resh = 200. Por consiguiente, AIQ BKR.


El ordenamiento Aiq Beker se considera importante para la preparación de Sigilos o Símbolos a partir de los nombres de los Espíritus planetarios. Primero es necesario reducir esas letras y sus números a decenas o unidades mediante dicho procedimiento. Por ejemplo, en el caso de Zazel, espíritu de Saturno, las letras son Zayin = 7, Aleph = 1, y Lamed = 30. La última letra que requiere reducción en este caso será Lamed, que se reduce a 3. El paso siguiente es trazar una línea continua sobre el cuadrado mágico de Saturno. Así, en el nombre Zazel, la línea comenzará en el número 7, seguirá hasta 1, volverá una vez más a 7 y terminará luego en 3. Habrá de colocarse un pequeño círculo sobre la primera letra del Sigilo para mostrar dónde empieza el nombre. Para ilustrar un procedimiento clásico, podríamos por ejemplo extraer del cuadrado de Marte el Sigilo de la inteligencia Bartzabel. En hebreo este nombre se escribe: Beth (2), Resh (200), Tzaddi (90), Beth (2), Aleph (1), Lamed (30). Tres letras -Resh, Tzaddi y Lamed- deberán ser reducidas por Aiq Beker, de modo que sus ceros sean eliminados. Entonces, según los números remanentes -2, 2, 9, 2, 1 y 3- podremos trazar el correspondiente sigilo (ver figura 3). Otro ejemplo más prosaico de trazar sigilos sobre cuadrados mágicos puede demostrarse tomando mi nombre de pila, Israel, y convirtiéndolo al hebreo de esta manera: Yod (10), Shin (300), Resh (200), Aleph (1), Lamed (30). Únicamente con propósitos de demostración, supongamos que queremos trazarlo sobre el cuadrado mágico del Sol, que con otros kameas puede verse en el apéndice (ver figura 4).

Sólo Shin y Resh habrán de ser reducidas por Alq Beker, y pueden quedar como 30 y 20. De modo que, finalmente, los números del cuadrado que utilizaremos para el Sigilo son: 10, 30, 20, 1 y 30. Para demostrar aún mejor este proceso, a fin de ilustrar principalmente la simplicidad de los sigilos y diseños mágicos que pueden extraerse de los diversos kameas, consideremos el nombre Carr. En hebreo lo escribiríamos como sigue: Caph (20), Aleph (1), Resh (200), Resh (200). La escritura de este nombre puede aplicarse entonces a cada kamea planetario, con lo que obtendríamos un sigilo diferente según cada planeta. Por ejemplo, para hacer un sigilo saturnino, habríamos do reducir las letras por Aiq Beker a 2, 1, 2 y 2; con lo cual el sigilo aparecería como se ve en la figura 5.


  Sobre el kamea de Júpiter, que se rige por cuatro, el sigilo luciría como la figura 6. A primera vista parecería simplemente la forma opuesta del precedente sigilo de Saturno, lo que parece bastante lógico ya que Saturno es represivo y Júpiter expansivo, es decir lo opuesto. Consideremos ahora el nombre sobre el cuadrado de Marte. El proceso de reducción opera ahora en forma diferente. La Resh (200) en este caso se reduce a 20 en lugar de 2. Y esto hace que el sigilo resulte como aparece en la figura 7.

La mayoría de los sigilos de este nombre, trazados en otros kameas, resultarán asimismo muy parecidos, de modo que no es preciso seguir adelante. El estudiante escrupuloso podrá objetar en este punto que Carr no es un nombre que se encuentre a menudo, de modo que la demostración deberá continuar con nombres más comunes. Por ejemplo John, que en hebreo es Yochanon: Yod (10), Vau (6), Cheth (8), Nun (50), Nun final (700). En el caso de que se utilice el Kamea solar, ambas Nun deberán ser reducidas por Aiq Beker a 5 y 7. El sigilo superpuesto al Kamea solar aparecerá como en la figura 8.


Este juego de diseños, interesantes pero distintos, demuestra el enorme cambio que sufre el 8 valor numérico del nombre al pasar de una influencia planetaria a otra. Representa al nombre operando primero como un juego de ondas o frecuencias, y luego como otro, tal como si fluctuara sobre una ancha banda de frecuencias. Qué frecuencia o Kamea uno decida utilizar depende enteramente de qué función se desea enfatizar. Y aquí es donde se requiere alguna comprensión de los significados básicos de los planetas según la astrología tradicional. Incidentalmente, importa poco en este esquema si uno utiliza el tradicional sistema hebreo de gematría o numerología, o la más moderna numerología denominada pitagórica. El único criterio ha de ser la consistencia. Si se utiliza cualquiera de estos sistemas, es esencial emplearlo exclusivamente en cualquier operación individual. No hay razón alguna por la que no se pueda cambiar un sistema por otro. Simplemente sea consecuente, y sepa lo que está haciendo. En el sistema occidental de numerología, las letras tienen esta evaluación:


(he colocado un asterisco junto a K y V porque se consideran números maestros, y en lo posible no han de ser reducidos). 8 H Q Z Anteriormente utilicé el nombre John, transliterándolo al hebreo. Esta vez retengamos las letras y el nombre ingleses, utilizando el citado sistema occidental o pitagórico.


Sólo con fines de ilustración, tracemos este nombre John sobre el kamea de la Luna, lo que nos da el sigilo de la figura 9.

Para dar otro ejemplo, permítaseme utilizar el nombre de un amigo, VINCENT:


(Comúnmente, en la numerología de Occidente las vocales son separadas de las consonantes; pero para los fines de la construcción de sigilos no seguiremos esta costumbre). Ahora supongamos que Vincent quiere obtener éxito en su vida construyendo un sigilo de su nombre sobre el kamea de Júpiter, ligándose a sí mismo de este modo con las fuerzas expansivas de Júpiter el Dador. El sigilo, superpuesto al cuadrado de Júpiter aparecería como se ve en la figura 10.

O el sigilo podría extraerse del cuadrado solar, a fin de establecer un vínculo entre Vincent y la Fuerza de Vida y de Luz (ver figura 11).

Estos diversos ejemplos bastarán para demostrar cómo tanto el sistema numeral cabalístico como el pitagórico pueden ser igualmente utilizados con buen resultado en la formulación de sigilos a partir de los tradicionales cuadrados mágicos.

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